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Siguiendo el rastro de los animales que habitan en el bosque

En el Caquetá, Putumayo y Guaviare, campesinos e indígenas participan en el monitoreo de aves y mamíferos. Cada avistamiento es una pequeña ventana para descubrir la vida que siempre estuvo allí.

El monitoreo es enamorarse del territorio, de conocerlo y cada día saber más. Es un proceso lento, pero que se hace con el corazón. Fotos: cámaras trampa.

Para quienes participan en el monitoreo de aves y mamíferos del proyecto 'Cacao Amazónico y Paz', instalar una cámara trampa es como entrar a la intimidad y al "chisme" del bosque. Cada registro revela qué especies habitan el territorio, por dónde se mueven y cómo se relacionan. 

"Para mí es como enterarme del chisme del bosque. Es lo que uno cree que pasa, pero no está seguro", así cuenta Daniel Pineda, de 32 años, el trabajo de monitoreo que realiza con tres compañeros: Gina Ome, Abelardo Sarria, Geider Plazas. Todos hacen parte de la asociación Asproabelén, de Belén de los Andaquíes (Caquetá). 

Entre mayo y julio de este año instalaron nueve cámaras trampa, logrando 461 registros. Cada uno de estos es revisado y anotado a mano y, luego, incorporado a las bases de datos. Entre las especies encontradas aparecen puercos de monte, osos mieleros, guaras, borugas, gurres, panguanas y guacharacas.  

"Recuerdo que unas de esas guacharacas iban en pareja, acicalándose", cuenta Daniel mientras sonríe. Como esas guacharacas, Asproabelén presenta en un proyector las distintas especies que han captado. Todos quedan boquiabiertos y atentos a cualquier movimiento donde se vea a un animal. No es en vano, la probabilidad de registrar un animal con una cámara trampa es baja.

Todos quedan atentos a cualquier movimiento donde se vea a un animal. Foto: WWF Colombia.

Para Daniel, monitorear no consiste únicamente en identificar especies. También significa aprender a leer el bosque: "Monitorear cualquier ser vivo es poder entender su crecimiento, su forma de vivir, su forma de comer, su forma de entender. Es entender ese lenguaje de ese animal y de esa ave: dónde vive, con qué le gusta alimentarse, a qué hora sale, a qué hora se acuesta a dormir, qué lo emociona, qué lo pone feliz o contento". Por eso, define el monitoreo como una forma de conocer “la intimidad de esos seres en su máximo esplendor”. 

El grupo de monitores explora sin afán, sin la premura del tiempo y a la espera un movimiento: "Para nosotros es el chisme del bosque porque uno pone la cámara, deja pasar unas horas y observa qué aves pasan y nos dan pistas. Nos dan pistas de entender lo que está pasando allá y de lo que nos estamos perdiendo por esta falta de conexión con la naturaleza, con esas especies que son nuestros compañeros de camino". 

En cada recorrido también observan los árboles y las condiciones del lugar. El objetivo es comprender cómo se relacionan las especies animales con el bosque y cuál es la importancia de conservar los corredores que les permiten desplazarse. Una de las imágenes que más recuerda Daniel es la de una boruga junto a su cría: "Me pareció muy bonita ver a la boruga con su cría, cómo la cuidaba, cómo la esperaba. También vimos a unos cerrillos que se apareaban frente a la cámara, lo que demuestra que son espacios seguros". 

"Un monitor es para mí como un explorador, que va revisando las huellas, los rastros, dónde están las señales de los árboles. Uno comienza a sacar conjeturas sobre los espacios que les gusta a los animales. Somos detectives y los animales nos sorprenden", puntualiza. 

Asociaciones campesinas de Guaviare y Caquetá, Asoacasan, Asproabelén, Ascatrui, Comicacao, y comunidades indígenas de los resguardos Tukunare y Lagarto Cocha hacen parte del programa de monitoreo y biodiversidad del proyecto Cacao Amazónico y Paz. 

Para Jaime Cabrera, especialista en monitoreo participativo de la biodiversidad en WWF, se busca que los cultivos de cacao estén en armonía con la naturaleza y fortalezcan este espacio: "Para esto hay que observar, qué es lo que traduce el monitoreo. Saber qué hay y ver cómo interactúa la fauna con los cultivos. Es un proceso de conversar, de aprender del otro. Una sola foto no cuenta la historia, necesitamos varias". 

"El monitoreo es enamorarse del territorio, de conocerlo y cada día saber más. Es un proceso lento, pero que se hace con el corazón", agrega. 

Leer el bosque 

En Asoacasan, en San José del Fragua, los monitores también han convertido los recorridos por el territorio en una forma de conocer mejor la biodiversidad. La asociación identificó ocho senderos. Para llegar a uno de los puntos de monitoreo deben recorrer 12 kilómetros por carretera y después caminar hasta una hora. 

Cada fotografía y cada video cuentan una pequeña historia para las personas que hacen el monitoreo. Foto: Endémica Studios y Camilo Castaño para WWF Colombia.

Uriel Cuartas, Fredy Linares, Alexander Jiménez y Jhoan Martín Lomelín participan en este proceso. Entre marzo y junio realizaron 16 recorridos y obtuvieron 615 registros de diferentes especies de aves. Entre las especies están: Ara araraura, Anhima cornuta, Thraupis episcopus, Cyanocorax violaceus, Campephilus melanoleucos, Pionus menstruus, Monasa nigrifrons, Icterus croconotus, Piaya cayana. 

"Para mí es tener conocimiento del bosque, debemos ir a distintas partes y cada una es toda una experiencia. Es conocer un cultivo y explorar el bosque. Uno va con cuidado porque se puede encontrar con serpientes, pero va a encontrar aves que no hay en un potrero. Eso es algo impresionante", cuenta Fredy Linares, quien lleva dos años como monitor.   

Entre marzo y junio realizaron 16 recorridos y obtuvieron 615 registros de diferentes especies de aves. Foto: Endémica Studios y Julián López para WWF Colombia.

Su ave favorita es la Todirostrum cinereum, conocidos como titirijíes o mosqueritos: " Es un ave pequeña y bullosa. Lo encontramos en cada parcela, en cada finca. Es pequeño y muy bonito, y siempre está cantando". Fredy dice que una de las cosas que más le sorprende es que estas aves no suelen esconderse de las personas y pueden observarse cerca de los árboles frutales. 

Una ventana a la selva 

En San Vicente del Caguán, Caquetá, la asociación Comicacao se concentra en el monitoreo de mamíferos. Para hacerlo instalaron nueve cámaras trampa, revisadas periódicamente por Jorge Figueroa, Maritza Sarria, Jhan Keiler Poveda y Yanaly Rodríguez. 

El objetivo es comprender cómo se relacionan las especies animales con el bosque y cuál es la importancia de conservar los corredores que les permiten desplazarse. Foto: cámara trampa.

"Ser monitor es algo muy bonito porque me brinda el espacio de poder estar cerca tanto con los campesinos como con los animales, y traer historias diferentes a las personas de la ciudad. Porque hay muchas cosas que uno ignora de la selva", puntualiza Jhan Keiler Poveda.

Jhan Keiler destaca que cuando revisan las cámaras trampa se encuentran con escenas muy curiosas: “Hay animales que miran esa cosa y quedan como: ‘¿Qué es eso?’. Y hay animales, como los osos palmeros, que han intentado tocarlo para ver si se puede comer”. 

Nombrar las aves en su propia lengua 

Desde Asomuseyik+, las comunidades Murui Muina de los resguardos Tukunare y Lagarto Cocha, en Puerto Leguizamo (Putumayo), se dedican al monitoreo de aves desde hace cinco meses. Aquí, identificar una especie también es una manera de preservar la memoria y la cultura. A cada ave avistada le asignan un nombre en su idioma. Por ejemplo, al tucán lo llaman Nokaido. Además, realizan dibujos a mano de las especies que encuentran. Hasta ahora han realizado 12 recorridos y registrado 122 especies con 466 avistamientos. 

El monitoreo para muchos ha significado una forma de descubrir especies que antes veían, pero cuyos nombres desconocían. Foto: Endémica Studios y Camilo Castaño para WWF Colombia.

“Muchas veces estamos en nuestros territorios y no conocemos cuál es el potencial que tienen. Hacer este tipo de caracterización y monitoreo nos lleva a conocer y cuidar las aves que están cerca”, explica Sandro Cobete, abuelo sabedor de Tukunare. 

Nancy Masicaya Vasquez, de 33 años, es una de las monitoras de su comunidad. Para ella, el proceso también ha significado descubrir especies que antes veía, pero cuyos nombres desconocía: "Para mí es una experiencia maravillosa, había visto aves que no les sabía su nombre y este proceso me ha enseñado. Hemos visto las loras, guacharacas, mochileros, chupaflor, las luisas y, muchas otras. La que más me gustó fue la Atila, es amarillito, canta y siempre lo encuentro en el punto quinto".

"Hemos estado en reunión con los abuelos para conocer en nuestro idioma el nombre de estas aves. Es preservar también nuestra cultura", agrega Nancy. 

De exploradores a monitores 

En Calamar, Guaviare, los integrantes de Ascatrui monitorean mamíferos. Óscar Tapias, Romy Castellanos, Jenifer Martínez y Veiler Peña instalaron nueve cámaras trampa, que revisan cada 15 días. Hasta ahora han obtenido 101 registros. 

"Ser monitor ha sido mi primer empleo, significa oportunidades, saber qué hay en nuestro territorio", cuenta Veiler Peña Pardo, de 26 años.

Los monitores también conversan con personas que antes se dedicaban a la cacería y que ahora participan como exploradores, para conocer los lugares por donde transitan los animales. “Ya no para cazarlos con un arma, sino con el disparo de la cámara”, dice Veiler. 

"Había escuchado del venado coliblanco, pero nunca lo había visto, es entender que el trabajo de restauración y el cuidado del ecosistema ha servido.  Salgo y digo: 'Vamos a recoger las cámaras para saber qué encontramos'. En una ocasión, un niño nos contó que había visto una huella de un chigüiro, pero que quería verlo y con la cámara trampa lo logramos. Ahora me dice: 'Allá va el señor de los chigüiros'", cuenta.

Cada fotografía y cada video cuentan una pequeña historia. Una boruga que protege a su cría, un ave que se detiene frente a una cámara, un oso que intenta descubrir qué objeto apareció en su territorio o un chigüiro o un jaguar que, por primera vez, pudo ser visto por quienes solo conocían sus huellas. 

‘Cacao Amazónico y Paz’ es un proceso que busca que 607 pequeños productores y 9 asociaciones produzcan cacao amazónico bajo prácticas agroecológicas, fortalezcan sus organizaciones, accedan a mercados diferenciados e incidan en cadenas de suministro libres de deforestación. Cuenta con el respaldo financiero del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania (BMZ) y es implementado por Alisos, WWF Colombia y WWF Alemania.

 

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