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Una Amazonía para conocer: el turismo que nace en las comunidades

Los viajes no se piensan solamente como una manera de conocer la selva, sino como una oportunidad para compartir la cultura, fortalecer el liderazgo comunitario y cuidar el territorio.

Para quien quiera acercarse, la invitación está abierta: recorrer sus ríos, caminar sus senderos, probar sus alimentos y escuchar nuevas historias. Foto: Catalina Castro / WWF Colombia

Cerca de Leticia, en el Amazonas, varias comunidades indígenas están construyendo sus propias formas de recibir visitantes. Algunas llevan años recorriendo este camino; otras apenas comienzan.

En todas, sin embargo, hay algo en común: el turismo no se piensa solamente como una manera de conocer la selva, sino como una oportunidad para compartir la cultura, fortalecer el liderazgo comunitario y cuidar el territorio. Por eso, para conocer estas experiencias, quizás lo mejor sea empezar por las comunidades y no por los destinos.

Estas experiencias fueron compartidas recientemente durante el encuentro “Entre Ríos y Selvas: Diálogo de Saberes y experiencias de turismo indígena amazónico”, que reunió a representantes de comunidades del Amazonas y el Guainía para conversar sobre sus formas de hacer turismo, los aprendizajes de cada territorio y los retos que enfrentan para seguir fortaleciendo estas iniciativas. 

Más que hablar de destinos, el encuentro permitió conocer las historias de las comunidades que están detrás de ellos. 

Y quizás esa sea la mejor manera de acercarse a esta Amazonía: empezar por quienes conocen sus caminos, sus ríos, sus alimentos, sus historias y sus formas de habitar el territorio. 

San Sebastián: un turismo que empieza a caminar desde el liderazgo de la mujer

San Sebastián de Los Lagos es una pequeña comunidad que está empezando a imaginar su propia propuesta turística. Allí, una de sus lideresas cuenta que el proceso todavía está en construcción. La comunidad quiere desarrollar un emprendimiento alrededor de la botánica y las plantas medicinales, y ya ha tenido algunas pequeñas experiencias con visitantes que llegan, desayunan, disfrutan de su gastronomía y continúan su recorrido hacia otras comunidades.

En San Sebastián se recuerda que no todos los destinos tienen que estar completamente consolidados para ser interesantes. Foto: Catalina Castro / WWF Colombia

Participar en espacios de intercambio con otras comunidades se ha convertido, precisamente, en una manera de aprender cómo hacerlo. La idea es recoger esas experiencias, llevarlas de vuelta a San Sebastián y encontrar una forma propia de fortalecer el turismo.

Y hay algo más que está cambiando en el camino: el papel de las mujeres.

Para Ruth Lorenzo, participar en estos espacios también significa perder el miedo a hablar, ganar confianza y regresar a la comunidad con herramientas para animar a más jóvenes a participar. "Las mujeres se reconocen como portadoras de cultura y cuidadoras de la naturaleza, con conocimientos en gastronomía, artesanías, transformación de alimentos y transmisión cultural”.

En la comunidad de San Sebastián se recuerda que no todos los destinos tienen que estar completamente consolidados para ser interesantes. A veces, lo más valioso es conocer un proceso mientras está naciendo.

En Mocagua: observar la selva con otros ojos

En Mocagua, el turismo comunitario tiene un recorrido más largo. La comunidad ha organizado su actividad ecoturística y ofrece experiencias relacionadas con la observación de fauna y el conocimiento de la selva.

Allí es posible recorrer senderos en busca de aves, conocer el trabajo de la Fundación Maikuchiga en la conservación de primates y descubrir cómo la comunidad ha construido una organización que pone el turismo al servicio del territorio.

Pero lo que hace especial esta experiencia no son únicamente sus atractivos, sino las personas que han construido el turismo en la comunidad. Mocagua cuenta con guías con una trayectoria reconocida, algunos de ellos antiguos cazadores que encontraron en el turismo una nueva forma de relacionarse con el territorio y compartir sus conocimientos. A su alrededor también se han fortalecido asociaciones, iniciativas de artesanías y otros saberes que hacen parte de la experiencia de quienes visitan la comunidad. Parte de este camino se ha construido junto al Parque Nacional Natural Amacayacu, a través de procesos deacuerdos y trabajo conjunto. 

Los conocimientos y experiencias son insumos que pueden regresar a la comunidad para fortalecer lo que ya vienen haciendo. Foto: Catalina Castro / WWF Colombia

La comunidad también ha avanzado en la definición de reglas para hacer turismo. Cuenta con una Secretaría de Ecoturismo articulada con el Cabildo, ha trabajado en la definición de capacidad de carga para senderos como Pucacuro, Marranera y Omé Maü, y sus integrantes han recibido formación en navegación fluvial, interpretación del patrimonio, manipulación de alimentos y primeros auxilios.

San Martín de Amacayacu: cuando visitar también significa compartir

En San Martín de Amacayacu, el viaje se acerca todavía más a la vida cotidiana de la comunidad Ticuna.

Las chagras, los tejidos, la preparación de fariña y mañoco y las historias que acompañan cada alimento permiten descubrir que la cultura no es una actividad adicional del recorrido: está presente en la manera de habitar el territorio. Aquí el visitante no llega solamente a mirar. Llega a escuchar, preguntar y compartir.

Conocer San Martín es acercarse a una Amazonía que no se explica únicamente a través de sus paisajes, sino a través de las personas que conocen sus caminos. Foto: Catalina Castro / WWF Colombia

San Martín cuenta con una trayectoria amplia en turismo, guianza, gastronomía, artesanías y expresiones culturales. En el encuentro, mayores y líderes también aportaron la memoria de cómo ha cambiado el turismo en la comunidad, mientras que los recorridos mostraron que la experiencia turística está construida sobre territorio, memoria y conocimiento.

Ahora el reto es seguir organizando esa experiencia para que las distintas iniciativas puedan complementarse y para que quienes llegan encuentren una oferta articulada, donde el beneficio del turismo permanezca en la comunidad.

Conocer San Martín es acercarse a una Amazonía que no se explica únicamente a través de sus paisajes, sino a través de las personas que conocen sus caminos, sus alimentos, sus historias y sus formas de relacionarse con la selva.

Y cuando el río aparece, aparecen los delfines

Los Lagos de Tarapoto, reconocidos como un sitio Ramsar de importancia internacional, ofrecen uno de los encuentros más conocidos de esta región: el avistamiento de delfines rosados y grises.

Pero detrás de la posibilidad de verlos existe un proceso comunitario de conservación y manejo del territorio. La designación Ramsar fue construida mediante consulta y decisión colectiva de las comunidades del resguardo, y permitió vincular a diferentes actores —entre ellos turismo, producción y mujeres— en instrumentos de manejo. Además, este proceso se ha apoyado en trabajos que las comunidades ya venían realizando en monitoreo y conservación.

El cuidado también se expresa en decisiones concretas sobre cómo utilizar los humedales. Durante el intercambio se habló del manejo de las embarcaciones, la pesca y la observación de fauna, así como de la necesidad de establecer reglas que eviten perturbaciones a las especies, reduzcan los residuos y definan cuántas personas pueden recibir determinados lugares sin afectar su equilibrio.

El monitoreo comunitario cumple aquí un papel fundamental: permite conocer los cambios en la pesca, la fauna y la biodiversidad y utilizar esa información para tomar decisiones sobre el territorio.  "Estos liderazgos y sus decisiones son cruciales si tenemos en cuenta que el cambio climático nos demostró hace tres años que puede matar animales de gran importancia cultural y ecológica como nuestros delfines: más de 300 ejemplares murieron en dos lagos de Tefe, cuando las aguas del río Amazonas alcanzaron los 40 ºC en septiembre de 2023". 

Por eso, cuando un delfín aparece junto a la canoa, la experiencia es mucho más que una fotografía. También habla de los acuerdos, conocimientos y esfuerzos de las comunidades para que estas especies continúen habitando el río.

El recorrido puede continuar hasta Puerto Nariño, donde el visitante encuentra un destino que ha apostado por la sostenibilidad y por una forma diferente de organizar su espacio urbano.

Sin el tránsito de vehículos motorizados en su casco urbano, caminar se convierte en parte de la experiencia. El pueblo, el río y la selva se recorren a otro ritmo.

Y quizá ese sea uno de los mayores aprendizajes de viajar por esta región: aquí no siempre se trata de hacer más cosas, sino de aprender a mirar de otra manera.

Turismo que también abre espacios para las mujeres

En estas experiencias hay una historia que atraviesa distintos territorios: la participación creciente de las mujeres.

En San Sebastián, por ejemplo, el liderazgo femenino está ayudando a abrir nuevos caminos para la comunidad. Su experiencia muestra que construir turismo también significa construir espacios de participación y reconocer conocimientos que durante mucho tiempo no tuvieron la misma visibilidad.

Durante el encuentro, una de las participantes lo expresó de manera sencilla y contundente: “Nosotras las mujeres conservamos la cultura y también la naturaleza.”

La frase resume una parte esencial de estas experiencias. Las mujeres sostienen conocimientos relacionados con la alimentación, las artesanías, la hospitalidad, la transmisión cultural y la organización comunitaria. Pero su participación también plantea un desafío: que estar presentes en el turismo no signifique sumar más cargas, sino tener mayor capacidad de decisión, reconocimiento e ingresos propios.

Así, las mujeres no solo participan en la atención a los visitantes o en la preparación de alimentos. También lideran, toman decisiones, transmiten conocimientos y ayudan a imaginar qué tipo de turismo quieren para sus territorios.

De los territorios a Leticia: compartir para seguir aprendiendo

Las historias de San Sebastián, Mocagua, San Martín de Amacayacu y Tarapoto son diferentes. Algunas comunidades están comenzando a construir sus propuestas; otras cuentan con años de experiencia. Algunas tienen en el turismo una actividad ya consolidada, mientras otras todavía están definiendo cómo quieren recibir visitantes. 

Precisamente por eso, encontrarse resulta valioso. 

El encuentro “Entre Ríos y Selvas: Diálogo de Saberes y experiencias de turismo indígena amazónico” permitió que estas comunidades compartieran conocimientos, preguntas y aprendizajes desde sus propios territorios. Para quienes están empezando, conocer lo que otros ya han recorrido puede aportar ideas; para quienes tienen mayor trayectoria, compartir también significa revisar sus propias experiencias y encontrar nuevas posibilidades. 

Al final, no se trata de construir un único modelo de turismo para la Amazonía. Se trata de que cada comunidad pueda fortalecer una propuesta acorde con su cultura, sus capacidades y las decisiones que toma sobre su territorio.

Porque quizás esa sea una de las mejores maneras de conocer la Amazonía: no como un lugar que simplemente se visita, sino como un territorio que tiene mucho que enseñar.

Y para quien quiera acercarse, la invitación está abierta: recorrer sus ríos, caminar sus senderos, probar sus alimentos, escuchar sus historias y, sobre todo, hacerlo entendiendo que detrás de cada experiencia hay una comunidad que está decidiendo cómo quiere mostrar su territorio y cómo quiere cuidarlo.

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