El resurgir del tapir andino, de especie olvidada a protagonista de la nueva moneda de un sol | WWF

El resurgir del tapir andino, de especie olvidada a protagonista de la nueva moneda de un sol



Posted on 16 abril 2018
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© WWF Perú
  • En Perú, diversos estudios señalan que quedan menos de 400 ejemplares.
  • Desde el 2014, WWF Perú junto a Sernanp trabajan para conservar a esta especie en peligro de extinción.
Entre los 1400 y 4800 metros de altitud habita un peculiar mamífero, de un pelaje grueso entre color cobrizo y café, de un extraordinario hocico, legado de más de 55 millones de años de evolución cuando su ancestro todavía caminaba por los pantanos y bosques húmedos del Norte de América y de Europa, hasta que se aventuró hacia el sur hace tres millones de años, donde se quedó para siempre, en los bosques de neblina y páramos de los Andes de Colombia, Ecuador y el Norte del Perú.  El singular tapir andino ha evocado entre los humanos misticismos y miedos infundados, provocando que esté en peligro de extinción. Hoy, este mamífero hasta hace poco condenado al olvido recobra protagonismo en las monedas peruana de un sol, la cara visible detrás de los múltiples esfuerzos realizados por organizaciones como WWF junto al Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp) por recuperar a esta especie.



Si nos remontáramos 20 millones de años, el tapir andino (Tapirus pinchaque) de entonces luciría prácticamente como hoy día, este superviviente es casi un “fósil viviente”, memoria de tiempos antiguos. Su verdadero nombre deriva del latín Turpi, mientras pinchaque hace referencia a una criatura mítica que habitaba las regiones andinas. Sin embargo, es tristemente conocido entre algunos lugareños como “bestia negra”, aunque inofensivo, es una fama adquirida por su gran tamaño.  Con un peso que oscila entre los 150 y 250 kilos y más de un metro de altura, se alimenta de arbustos y pastos.

La caza furtiva para comercio o para usos en medicina tradicional, la destrucción de su hábitat por la deforestación para la agricultura, ganadería o minería ha mermado a esta especie, documentándose menos de 2.500 dentro de un rango 3 000 Km2 de hábitat disponible, de los cuales menos de 400 se encontrarían en Perú. Aunque, las cifras varían, todas concluyen que está en peligro de extinción, figurando incluso en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Su extinción no sólo supondría un crimen contra esta especie emblemática, sino que impactaría en los llamados servicios ecosistémicos, proveídos por los ecosistemas en donde esta especie habita, es decir, beneficios como la producción de agua y la estabilidad de suelos, cruciales para los seres humanos.

“El tapir de montaña cumple un rol importante como ‘arquitecto’ del bosque, dispersando semillas y comiendo brotes frescos de plantas. De no existir el tapir de montaña, el ecosistema de páramo y bosque montano vería la pérdida de una especie clave en su mantenimiento, y esto a su vez, afectaría a las poblaciones humanas aledañas que dependen de los servicios ecosistémicos que provee el bosque, por ejemplo, la provisión de agua, y muchos otros”, afirma José Luis Mena, director de Ciencias de WWF Perú.

Desde el 2014, WWF junto al SERNANP están trabajando en un programa para la conservación de esta especie, estudiando sus amenazas y la importancia que cumple en los ecosistemas de páramos y bosques montanos dentro del Santuario Nacional Tabaconas Namballe (Cajamarca).

“Gracias al trabajo realizado en el Santuario con cámaras trampa, contamos con datos de cuatro años para la conservación del tapir de montaña. Esto ha sido el insumo para la elaboración de un plan de monitoreo”, subraya Mena.

El último esfuerzo para visibilizar el peligro que corre esta especie estuvo a cargo de un actor inesperado; el Banco Central de Reserva, y consistió en acuñar la nueva moneda de un sol con su imagen, para lo cual se contó con el soporte técnico de WWF. Este es, tal vez, el mayor esfuerzo para que los peruanos conozcamos a este extraordinario mamífero, cuya población podría disminuir en más de un 50% en las siguientes décadas, a menos que tomemos las acciones de conservación necesarias. La nueva moneda es un primer paso, lo mismo que informar e involucrar a la población en este camino.
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