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	© WWF / Dado Galdieri

La fabrica del bosque

Los bosques amazónicos en la región Madre de Dios producen abundantes productos que abastecen a miles de personas.
 Fíjate en las llantas de tu auto o en las zapatillas que estás usando. ¿De dónde vinieron?

Con certeza vinieron de alguna fábrica, de algún lugar; pero antes que salgan de la línea de montaje final, un componente esencial vino de una “planta” de otro tipo. El látex natural producido por los árboles de shiringa en el Perú termina en todo tipo de productos del día a día, desde los guantes que el doctor usa hasta el revés de caucho de la alfombra en tu sala.

Como jefe de su particular parcela de fábrica forestal, Eduardo Escompani Viñas hace rondas cada día. Antes del alba, sale a caminar una ruta específica de árbol a árbol, deteniéndose en cada uno para hacer un corte diagonal en su corteza. El látex blanco lechoso instantáneamente sale a la superficie y fluye hacia abajo por el nuevo canal hacia la lata oxidada acuñada en la corteza. Si nos distanciamos un poco de la lata, el árbol se ve como si tuviera un parche corrugado o de corduroy; se agrega un nuevo corte cada día.

Después de visitar sus 200 árboles, Escompani regresa a casa a comer y descansar antes de volver a caminar la misma ruta para colectar el látex. Hoy en sus setentas, Eduardo ha sido shiringuero por unas seis décadas. Es hijo y nieto de shiringueros y conoce el bosque como la palma de su mano. Él y los otros miembros de ECOMUSA, una cooperativa de productores de caucho natural, sienten el deber de proteger sus recursos naturales y su estilo de vida.

“Los shiringueros nunca cortan sus árboles. Somos defensores del bosque. Uno empieza a cortar y todo el bosque se degrada. Nosotros siempre hemos vivido aquí con los animales en un balance natural. Si cortamos los árboles, perdemos los animales y todo el conocimiento del mundo natural”, dice Escompani.

Por más comprometido que Escompani y otros sean, esta no es una vida fácil y nadie se está haciendo rico. Hubo tiempos cuando el mercado de caucho natural fue tan pobre que el esfuerzo de recolectar apenas valía la pena. Fue en ese momento cuando las ofertas de compañías madereras o la agroindustria comenzaron a verse tentadoras.

WWF apoya el compromiso de los shiringueros con el uso sostenible del bosque y respeta su tradición de vivir en armonía con la naturaleza. Con este propósito, ha asistido a ECOMUSA mejorando la calidad y consistencia de su producto, lo cual les ha permitido colocarlo en el mercado con un precio más alto. Esta profesión puede no ser tan lucrativa como otras alternativas, pero provee un sustento estable.
 
	© WWF / Dado Galdieri
Shiringueros raspan la corteza del árbol para liberar el látex, pero esto no es perjudicial para el árbol.
 
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Eduardo Escompani Viñas,y a su izquierda Juan Saavedra Lucas, hacen una pausa para reír durante la jornada laboral en una parcela Shiringa en Iberia, Perú.

Compartiendo la shiringa con el mundo

Un pedazo de periódico decolorándose cuelga de la pared en el polvoriento taller de la Asociación de Artesanos de Shiringa de Iberia. El recorte de prensa describe bolsos muy a la moda, hechos a base de “cuero vegetal”, mostrados durante un desfile en el Salón de la Moda Ética en París. Las mujeres quienes hicieron los bolsos de mano, confeccionados con tejidos recubiertos de látex natural del árbol de la shiringa, tal vez no sepan mucho sobre alta costura pero saben bastante sobre arduo trabajo.

Cada día, las mujeres producen artículos a prueba de agua como manteles de mesa, ponchos impermeables y mochilas. Para la exhibición en París, el grupo tuvo el apoyo adicional de una diseñadora profesional para guiar su trabajo. Alicia Quino Velarde, directora de la cooperativa integrada por 30 artesanos, explica que el grupo aspira a especializarse en esta clase de productos de alta demanda comercial.

“Podemos aprender cualquier modelo. Sin embargo, necesitamos la capacitación de un profesional para mejorar nuestras habilidades de costura. Uno debe tener mucha práctica para trabajar con este material tan peculiar. No puedes tan solo sentarte y coserlo. Siempre estamos buscando maneras de mejorar cada vez más. Esta asociación no está hecha para ser distribuidora de manteles de mesa. Queremos hacer productos finos que sean lucrativos”, dice Quino.

El apoyo temprano de WWF ayudó a la asociación a iniciar el negocio; ahora es cuestión de pasar al siguiente nivel. Con la inversión apropiada, el grupo puede ser un comprador confiable para el látex natural de ECOMUSA y sacar provecho a la demanda global por lo elegante, la moda amigable con el ambiente y la decoración.

“Estamos trabajando para hacer de esto un negocio exitoso y toma tiempo. Sin embargo, estamos progresando. No partimos de cero. Estamos orgullosos de lo que hacemos, le mostramos a los jóvenes el negocio y el cuidado al ambiente”, dice Flore Quispe Sula, tesorera del grupo.
 
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Ecomusa associates display shoes with soles made of the natural rubber they produce in the Amazonian city of Iberia, Peru.
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Asociados ECOMUSA muestran los zapatos con suelas de caucho natural que producen en la ciudad amazónica de Iberia, Perú

 Defensores del bosque

José de la Cruz Carrasco es otro empleado de la fábrica forestal. Por 30 años, ha cosechado castañas de su parcela de bosque. Estas delicias selváticas actualmente están alcanzando un buen precio en el mercado mundial, pero de la Cruz dice que la producción no es lo que solía ser.

“Han cortado muchos árboles de castaña para hacer la carretera y a muchos agricultores no les importa las castañas, las cortarán y venderán a muy bajos precios. Ya han despejado tanto terreno que ni usan. Tan solo queda así, vacío. Tenemos que defender el bosque y nuestras castañas o se perderán antes de que alguien siquiera se dé cuenta”, dice de la Cruz.

De la Cruz protege el bosque porque es su sustento y también porque cree que es lo correcto. Sin embargo, está frustrado debido a la falta de apoyo o compensación por los servicios que provee por la recolección de castañas. A los agricultores en Perú, por ejemplo, el estado les brinda un seguro de salud. No existe tal cosa para los castañeros.

“No obtenemos ningún beneficio como personas que cuidan los bosques. Hemos oído que otros países están invirtiendo en Madre de Dios para proteger los bosques, pero no hemos visto nada”, dice de la Cruz.

Esta es una labor continua para WWF, que por muchos años ha abogado por programas mundiales que pagarán para mantener los bosques en pie, con muchos de los beneficios yendo directamente a las comunidades pobres, quienes dependen de los bosques y son aliados cruciales en su conservación.

WWF ya ha ayudado a la cooperativa de recolectores de castaña a mejorar su organización y alcanzar la certificación orgánica y comercio justo. Esto ha mejorado la comerciabilidad del producto y aumentado ganancias.

De la Cruz y otros también están buscando inversionistas para un negocio de barras energéticas de castaña y dulces. Ya comenzaron a comprar materiales, a equipar sus instalaciones de producción y perfeccionar sus recetas. De la Cruz dice que la idea es emplear esposas y niños mayores de los recolectores de castaña. Tales productos especiales probablemente sean muy costosos para la población local, pero podrían ser atractivos para los numerosos alojamientos turísticos en esta parte de la selva.

Usar sin dañar

Los recursos selváticos son valiosos. Madera, oro, energía hidroeléctrica, industrias pesqueras y otras valen miles de millones de dólares mundialmente. El papel que desempeña el bosque en estabilizar el clima global es extremadamente importante. Por mucho tiempo, el uso que la gente le da a los recursos forestales ha significado la destrucción o degradación de dichos recursos. Pero, como Eduardo, Alicia y José demuestran cada día, existen maneras de cosechar el valor y beneficio de los bosques sin dañarlos. WWF está trabajando para hacer estos sustentos más seguros y lucrativos, de manera que la gente no vire hacia alternativas no sostenibles, debido a que todos dependemos de nuestra fábrica del bosque.
 
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 José de la Cruz Carrasco, de 52 años, corta la cáscara que contiene las castañas en su parcela en La Novia, Perú.
 
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Jose de la Cruz Carrasco, 52, carries a 70kg sack of harvested Brazil nuts from his forest in La Novia, Peru.
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 El cosechador de castañas, José de la Cruz Carrasco, se llama a sí mismo un defensor del bosque.