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El plástico va de nuestros platos a los océanos

La contaminación por plásticos es una crisis global que mata la vida marina, contamina lo que comemos, el aire que respiramos y el agua que tomamos. Si no hacemos nada al respecto, en 2050 habrá más plástico en los océanos que peces.

La contaminación por plásticos es una crisis global que mata la vida marina, contamina lo que comemos, el aire que respiramos y el agua que tomamos. Si no hacemos nada al respecto, en 2050 habrá más plástico en los océanos que peces. 

Mix de sushi de atún, Bruselas, Bélgica. COPYRIGHT CREDIT: Bruno Arnold / WWF

La próxima vez que quieras ordenar sushi a domicilio o una jugosa hamburguesa, piénsalo dos veces. Sin que te percates, tu comida puede estar acompañada de un ingrediente destructivo: los plásticos.

Numerosas investigaciones han revelado que podemos encontrar plásticos en cada esquina del mundo, ni siquiera el Ártico, que por mucho tiempo se consideraba intacto, se ha salvado de esta invasión.En el hielo han sido hallados microplásticos, partículas no mayores a cinco micromilímetros que resultan de la desintegración de plásticos mayores que utilizamos a diario. Estas pequeñas partículas entran en la cadena alimenticia y así llegan a nuestro cuerpo. Y en dimensiones asombrosas: un reporte de WWF de 2019 estima que una persona en promedio se come el plástico equivalente a una tarjeta de crédito semanalmente.


Antes de llegar al plato


Por si fuera poco, la contaminación por plásticos no empieza ni acaba allí. Antes de que termine en nuestro plato, los empaques de este material son usados para transportar ingredientes frescos.


Esta montaña de poliestireno en espuma, más conocido como icopor, en el mercado de pescado Tsukiji en Tokio, Japón, es solamente una porción de los desechos de empaques. Todo el transporte de comida alrededor del mundo involucra volúmenes gigantescos de plásticos de un solo uso. COPYRIGHT CREDIT: Michel Gunther / WWF

Estos son imprescindibles en algunas partes de la cadena de suministros para garantizar la calidad de los alimentos y prevenir posibles desperdicios. Sin embargo, muchos de los plásticos de un solo uso que utilizamos son completamente innecesarios.

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Desde hace décadas el mundo decidió que el plástico era una opción liviana, resistente y de larga durabilidad para fabricar objetos desechables. Y, rápidamente, la solución se transformó en un grave problema que nos aqueja hoy más que nunca.

Muchas veces de manera involuntaria, el plástico que desechamos en nuestras basuras o, incluso, en contenedores de reciclaje no termina en donde debería. ¿Sabías que un tercio de los empaques plásticos llegan al medioambiente?

En el río Tame, al noroccidente de Inglaterra, un cisne es obligado a adaptarse a la nueva normalidad de un hábitat devastada. Las aguas contaminadas de plásticos y algas tóxicas aceleran la muerte de las aves acuáticas. COPYRIGHT CREDIT: Sam Hobson / WWF-UK


En el camino a las plantas de procesamiento, los desechos livianos pueden salir volando. Por ello, un vaso de café que cae en alguna calle de una gran ciudad puede terminar en un desagüe o río, para luego ser empujado al océano. No en vano, cada minuto, el equivalente a un camión cargado de plástico se vierte en sus aguas.


Los vasos desechables en las calles pueden terminar en ríos y océanos. COPYRIGHT CREDIT: Elizabeth Dalziel / WWF-UK

El proceso para que los plásticos grandes se descompongan en microplásticos, menos visibles, pero aún muy problemáticos, puede tomar hasta 20 años para una sola bolsa y 30 para un vaso desechable. De ahí que, la durabilidad de este material plantee múltiples problemas que amenazan la vida silvestre. Se estima que para 2050, la cantidad de plásticos en el mar puede superar al número de peces.


Desechos plásticos en medio de una población de peces sargento del Indo pacífico (Abudefduf vaigiensis), Isla Verde, cerca de las costas de Taiwán. COPYRIGHT CREDIT: Magnus Lundgren / Wild Wonders of China / WWF

Pese a que, para muchos, la contaminación por plástico sea imperceptible y solo de vez en cuando vean un poco de basura tirada en las calles, en Colombia, por ejemplo, hay lugares donde esta problemática salta a la vista. Es el caso de la ciudad de Maicao, en el departamento de la Guajira, frontera con Venezuela. Allí, hay una alta actividad comercial entre los dos países y los habitantes no tienen cultura de reciclaje. Eso sin contar que, el contrabando de gasolina que se da de Venezuela a Colombia implica una práctica nada sostenible: por cada bidón de gasolina que transportan, los contrabandistas utilizan 7 bolsas prácticas, en promedio, para evitar fugas.

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Kilómetros de desierto lleno de bolsas plásticas en Maicao, La Guajira, Colombia. COPYRIGHT CREDIT: Esteban Vega La-Rotta

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A situaciones como esta se suma que muchas poblaciones en el mundo deben lidiar también con los desechos que otros generan. A las costas llegan residuos traídos por la marea y, en los peores casos, algunos países pagan a otros más pobres para que reciban su basura.


Pesca que contamina


La contaminación por plásticos está tan inmersa en la producción de alimentos que, incluso, ciertas actividades pesqueras tienen efectos negativos. Usualmente, los equipos de pesca, como las redes, están hechos de plástico en razón a su resistencia, y es común que buques y pescadores los pierdan en el mar o deliberadamente los boten. Estas “redes fantasmas” son unos de los desechos plásticos más dañinos para los ecosistemas marinos y representan al menos el 10% de la basura que hay en sus aguas.

El arrecife de coral del océano Índico cercano a las costas de Zanzíbar es uno de los muchos hábitats que ha sido víctima de las redes fantasmas. Los equipos perdidos causan daños significativos a estos delicados ecosistemas que necesitan ciertas condiciones para florecer, lo que termina afectando niveles más altos de la cadena alimenticia.


Red desechada por pescadores en un arrecife de coral en el océano Índico, Zanzíbar. COPYRIGHT CREDIT: Shutterstock / Aqua Images / WWF -Peru

Animales como las focas y los leones marinos son unas de las especias más susceptibles. Su tendencia a explorar facilita que queden atrapados en las redes fantasma, causándoles una muerte dolorosa por asfixia o agotamiento. Se estima que 1500 leones marinos mueren al año enredados. De igual manera, al menos 243 especies están en riesgo de quedar enredadas en contaminación plástica.

Mamífero atrapado y sofocándose en equipo de pesca. COPYRIGHT CREDIT: Shutterstock / Ian Dyball / WWF-Perú.


¿Qué hacer entonces?


El uso cotidiano de plástico por las personas es solo una parte del gran problema sistemático que representa la circulación global del material. El centro del asunto radica en nuestro fracaso a la hora de gestionar todo el ciclo de vida del plástico: desde la producción, el consumo, la gestión de residuos hasta el reciclaje. Por ello, el uso consciente de las personas es solo un primer paso. Para frenar el problema, es necesario dar prioridad a acciones de escala mundial que eviten que los plásticos se conviertan en residuos y se filtren en los sistemas naturales.


 Recolección de botellas plásticas para su posterior reciclaje. COPYRIGHT CREDIT: Shutterstock / Aqua Images / WWF -Perú

En vez de erradicar completamente el uso del plástico, es necesario que maximicemos su durabilidad a través de una economía circular. Así, tras su vida útil, el producto no sería desechado, sino que se convertiría en insumo de nuevos productos. Actualmente, esto no se lleva a cabo en la escala que es necesario, a pesar de los esfuerzos por reciclar.

El Compromiso Global, en colaboración con el Programa de las Naciones Unidas por el Medio Ambiente (UNEP por sus siglas en inglés), lidera una alianza entre empresas, gobiernos y organizaciones para atacar la raíz de la contaminación por plásticos. Esta tiene por objetivo rediseñar los productos para que se elaboren de material reciclado y así evitar la explotación de recursos finitos.

Por otro lado, el programa ReSource Plástico liderado por WWF es una de las iniciativas que ayudan a las organizaciones a convertir estas metas en acciones. A pesar de los esfuerzos, es vital llegar a más organizaciones para así garantizar una transición global a las economías circulares.


Está en nuestras manos lograr una revolución que les devuelva la vida a nuestros océanos que ahora son explotados y tratados como un vertedero.

Para alcanzar estos objetivos, es necesario un tratado internacional vinculante y amplio que establezca obligaciones claras y proteja a los océanos de la contaminación por plásticos. Actualmente, los marcos legales que abordan la problemática están fragmentados y son ineficaces. Asimismo, las políticas de regulación a nivel nacional y regional están atascadas, y han quedado rezagadas a la hora de controlar la producción y el uso del plástico a nivel mundial.

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Afortunadamente, el 2020 trajo una luz de esperanza. La iniciativa de un tratado internacional contra la contaminación por plástico recibió amplio apoyo alrededor del mundo. Más de dos millones de personas exigieron que se ponga en marcha urgentemente.


Ahora es difícil pensar más allá de las graves consecuencias que ha dejado la pandemia por Covid-19. Sin embargo, es el momento perfecto para actuar y asegurar una recuperación que beneficie a las personas y la naturaleza. Cambiar la forma en que consumimos es una manera poderosa de enfrentar los problemas ambientales, y para lograrlo son necesarias las acciones individuales.  
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